LINARES DE LA SIERRA, EL VALLE ESCONDIDO

BY HOTEL CONVENTO ARACENA & SPA 08/02/2019 Conoce Huelva

Silencio, sosiego, armonía, tranquilidad, calma, recogimiento… Buena parte de estos vocablos no forman parte de nuestro día a día. El ritmo de la ciudad, el estrés laboral, el tráfico, las prisas por llegar a casi cualquier sitio.., nos invitan a buscar el descanso en lugares casi perdidos, en espacios poco habitados donde pasear y escuchar solo los rumores de la naturaleza (el murmullo del vaivén de las ramas de los árboles, el canto de las aves, el susurro de las aguas…) se convierten en los principales estímulos. Uno de estos rincones, en un profundo valle en el corazón mismo del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche, es Linares de la Sierra. Se trata de un pequeño pueblo (tiene una población de poco más de 300 habitantes) declarado en 2003 por la Junta de Andalucía Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico.

Para alojarse, la mejor opción es la vecina localidad de Aracena. Allí se encuentra un establecimiento hotelero de cuatro estrellas con las más modernas instalaciones y todos los servicios que necesita el más exigente de los viajeros. Un espacio del siglo XXI, pero con toda la historia que encierra entre sus cuatro paredes lo que fuera un antiguo convento del siglo XVII. Cuenta, además, con un magnífico spa en el que relajar cuerpo y mente y sentir los innumerables efectos terapéuticos del agua y una oferta gastronómica de primer nivel basada en los sabrosos productos de la zona, cuna del cerdo ibérico y con una magnífica huerta. El Hotel Convento Aracena & Spa convertirá cualquier estancia en un recuerdo imborrable.

Una carretera (HU8105) con muchas curvas que invita a un viaje sin prisas por las montañas del norte de la provincia de Huelva nos llevará desde Aracena hasta Linares de la Sierra, una localidad de casas blancas con tejados rojos situada en un valle ‘vigilado’ por las sierras de Picachanes, el Alto del Chorrito y la Era Rasa. Linares debe su nombre a las plantaciones de lino que ocuparon durante siglos unas vegas que ahora se han convertido en huertas.

Recorriendo sus calles, la vista apunta hacia el suelo. Allí se descubren los conocidos como ‘llanos’, una auténticas alfombras hechas de piedra que parecen dar la bienvenida a las casas de unos habitantes que muestran de inmediato sus cordialidad y amabilidad con quienes les visitan. Entrar en Linares es como cruzar una puerta imaginaria que nos lleva a un espacio donde el tiempo no importa, donde las manecillas del reloj parecen detenerse para invitar a disfrutar de todo lo que este lugar puede ofrecer.

En la Plaza del pueblo, que en ocasiones hace las funciones de coso taurino, encontramos el Punto de Ecoturismo municipal, un pequeño centro donde recabar información sobre los diferentes senderos, un regalo para los amantes de la naturaleza, que discurren por el Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche. Bajando hacia el Ayuntamiento se encuentra uno de los espacios más típicos de la localidad, la Fuente Nueva y su lavadero, cuya configuración actual data de 1908. Debajo de esta fuente brota una manantial que abastece de agua fresca a sus cuatro caños y termina colmando de agua un lavadero que aún utilizan los vecinos para hacer la colada y como punto de reunión para la conversación.

Otro lugar que visitar en Linares es la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista, principal monumento religioso de la localidad, del siglo XVIII, que conjuga el Barroco popular con el Barroco academicista que da paso al Neoclasicismo. Finalmente, el visitante debe acercarse también a conocer la Fuente Vieja, con su abrevadero para que beban los animales y sus antiguos lavaderos. Es, quizás, uno de los rincones más bellos de esta localidad serrana, ya que se encuentra rodeada de huertas y campos de árboles frutales. Una visita merece también el Jardín Botánico ‘Campo Viejo’, inaugurado en 2013, donde se muestran los diferentes ecosistemas existentes en el entorno más cercano y las especies más representativas del Parque Natural, dejando también un espacio para los ecosistemas atlánticos.

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