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UN CASTILLO EN ARACENA PARA PROTEGER EL REINO DE SEVILLA

Cada vez más cerca del regreso a la “nueva normalidad” según el plan diseñado por el Ministerio de Sanidad, el Hotel Convento Aracena & Spa se prepara para empezar a recibir a sus primeros huéspedes y ofrecerles las comodidades, experiencias y buen trato que son seña de identidad de este establecimiento hotelero de cuatro estrellas, adaptándose a la nueva realidad que ha impuesto la pandemia del coronavirus, que está ubicado, tal y como su nombre indica, en la localidad de Aracena, en la provincia de Huelva.

Será el momento de planear una escapada que nos lleve a conocer lugares con tanto encanto como la Gruta de las Maravillas, con tanto aroma y sabor como el Museo del Jamón, con una naturaleza tan exuberante como la de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, con tanta magia como el Museo Andaluz de Arte Contemporáneo al aire libre, con tanta memoria como la Iglesia Prioral de Nuestra Señora del Mayor Dolor

También pueblos cercanos como Alájar, con su ermita de Nuestra Señora de los Ángeles, uno de los centros de peregrinación más importantes de Andalucía, que está ubicada en la Peña de Arias Montano; Aroche y Cortegana, con sus bien conservados castillos; Jabugo, que da nombre a la denominación de origen jamón ibérico; Almonaster la Real, con su majestuoso castillo-mezquita; Cumbres Mayores, con su castillo-fortaleza de Sancho IV; Galaroza, con el área natural de El Talenque; Zufre, con una espléndida panorámica del Embalse de Zufre desde su plaza-mirador; o Castaño del Robledo, con el interesante conjunto arquitectónico de El Caserío.

En nuestra visita a Aracena, nos detendremos, sin embargo, en la historia de su castillo. Fue construido en el siglo XIII sobre el cerro que domina la localidad para proteger a los cristianos que llegaban para repoblar estas tierras, una vez que las mesnadas de la Orden del Hospital, provenientes de la Encomienda de Moura, conquistaron la localidad a los musulmanes y se la cedieron al rey de Portugal. La silueta del castillo y de parte de la Iglesia Prioral pueden verse desde el Hotel Convento Aracena & Spa, un enclave que conserva también un enorme encanto histórico al encontrarse ubicado entre las paredes del que fuera el antiguo convento dominico de Jesús, María y José, del siglo XVII.

El origen del castillo (pág. 102) es cristiano, pero se cree, por los restos arqueológicos encontrados, que se levantó sobre una antigua alcazaba musulmana del siglo X, en los momentos del Califato de Córdoba. La presencia almohade en la zona, con restos del hábitat andalusí de los siglos XII y XIII, se relaciona con el asentamiento de Qatrasana, citado por los textos islámicos como distrito de la provincia de Sevilla.

El recinto fortificado formó parte de la conocida como ‘Banda Gallega’, conjunto de fortificaciones que protegía el Reino de Sevilla, integrado en la Corona de Castilla, de ataques portugueses (las disputas entre Portugal y Castilla por estas tierras se zanjaron a favor de los castellanos por los tratados de Badajoz y Alcañices y Aracena se integró en el Concejo de Sevilla como tierra realenga) y de las Órdenes Militares del Temple y de Santiago asentadas en el sur de Extremadura (las rivalidades territoriales durante la Edad Media se plasman en el control que ejercen los castillos, por ello desde Aracena se pueden divisar el Castillo del Cuerno, en Fuentes de León, o el Monasterio de Tentudía, en Calera de León, que dependían de la Orden Militar de Santiago.

La fortaleza se levanta sobre una superficie de unos 4.800 metros cuadrados, con una planta irregular para adaptarse a la orografía del terreno y está construida en mampostería. Se hallaba defendida por murallas flanqueadas por siete torres, de planta cuadrada o rectangular y con terrazas a las que se accede desde el adarve o paseo de ronda, y constaba de patio de armas y alcázar, separados por un muro donde se alza la Torre Mayor. Para garantizar el suministro de agua en caso de asedio, tenía dos aljibes, uno en el patio de armas y otro en el alcázar. Disponía de almacenes y viviendas dispuestas junto a las murallas del patio de armas.

El alcázar ocupa la zona oriental del recinto, la cota más alta del cerro, y se puede definir como una pequeña fortaleza dentro del castillo. La Torre Mayor se ubica en la zona más alta del cerro, siendo concebida como el último reducto de la defensa, capaz de resistir después de haber sido capturada la fortaleza. Tiene una planta cuadrada y contaba con dependencias interiores. Se estima que llegó a tener una altura de 16 metros.

Con el paso del tiempo la población se extendió por la ladera del cerro y conquistó el valle que se extendía a sus píes mientras que la villa vieja se abandonaba y quedaba en el olvido. El alcázar ocupa la zona oriental del recinto, la cota más alta del cerro, y se puede definir como una pequeña fortaleza dentro del castillo. La Torre Mayor se ubica en la zona más alta del cerro, siendo concebida como el último reducto de la defensa, capaz de resistir después de haber sido capturada la fortaleza. Tiene una planta cuadrada y contaba con dependencias interiores. Se estima que llegó a tener una altura de 16 metros.

Con el paso del tiempo la población se extendió por la ladera del cerro y conquistó el valle que se extendía a sus píes mientras que la villa vieja se abandonó, quedando en el olvido, y el castillo quedó en desuso. Eso sí, durante la Guerra de la Independencia fue convertida en polvorín por las tropas francesas. En el siglo XIX y principios del XX sufrió algún incendio que no afectó apenas a la estructura de piedra.

La muralla fue usada por los vecinos como cantera después de su abandono como fortaleza defensiva, hasta 1917 en que una orden municipal prohibió coger piedras del castillo. En 1931 se declaró Monumento Nacional y su restauración fue llevada a cabo en 1971.

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